
Siento cómo me debilito,
siento cómo se abre la puerta del vértigo,
siento cómo tu ausencia resuena en el recuerdo,
siento, amor mío, cómo me dejas... una vez más.
Fotografía: Omar Serrano
A veces quisiera perderme en el sonido
Callo, pienso, sonrío, y después... me desvanesco,
Cántale a las estrellas y contémplate en su reflejo,



Eres como un horizonte.
Escribí muchos poemas y monólogos acerca de ti, mi inalcanzable horizonte.
Mientras el melancólico crepúsculo del atardecer me bañaba en su nostalgia, aquel cigarro se fundía en mis pensamientos. Allí estabas tú, resplandeciendo como naturalmente lo haces. Estaba tan enfocado en tus ojos, en tu alma, que olvide por completo aquellas palabras de advertencia, acerca de tu despedida. Recorrimos aquella zona llena de edificios, y todo parecía tan insignificante junto a ti. Recuerdo que sonreíste, y aquella maravillosa sonrisa me alegro tanto, que olvidé aun más aquello de tu partida.
Mientras caminaba por aquella hermosa villa, que unía a las distancias, iba acompañado por tres personas. Una de las personas, se despidió de nosotros, diciendo que en una de esas distancias, se encontraba su hogar. Seguimos caminando, por el lugar lleno de piedras acomodadas en un armonioso orden, pasto, y otras hermosas hiervas. La noche comenzaba a cobijarnos, con su sueño y su paradoja paralela, de la que algunos en ocasiones disfrutamos.